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  • Celia Gallego

El color de la feminidad

La delicadeza, la calma y la pasividad asociadas a los colores pastel. La fuerza, la agresividad y la valentía a los colores saturados. La maldad, el peligro y el miedo a los oscuros. Un color es capaz de hacerte sentir, de llevarte hasta un recuerdo, de provocarte una sensación de incomodidad o, por el contrario, de una relajación absoluta.


Los hospitales son blancos, los villanos de Disney verdes, las enfermedades amarillas y el peligro rojo. Pero existen dos colores que han alcanzado un estatus aún más importante y controvertido: El color de lo masculino y de lo femenino. El rosa y el azul, la eterna batalla entre dos colores antagonistas que no únicamente designan un género sino todos los atributos que traen con él. El rosa, un rojo desaturado. Un color pastel, delicado y pasivo que hasta hoy se atribuía a la mujer. En el imaginario colectivo esta asociación color-género lleva siendo así desde siempre, incluso llegando a -intentar- amasar una explicación lógica para que el rosa sea un color asociado a lo femenino desde el comienzo de los tiempos. Pero no es así, ni lo ha sido nunca.



Fue aproximadamente en los años veinte cuando comenzó este complicado idilio entre color y género. La llegada de los grandes almacenes, las marcas de ropa y la moda hizo que, por una decisión -que podría haber sido otra diferente- se asociara a las mujeres con el rosa y a los hombres con el azul. Sin ningún tipo de miramiento, sin razón y sin un análisis sociológico. Simplemente se había encontrado el modo de que los tintes resistieran mucho más a los lavados con agua hirviendo, por lo que se comercializó este tipo de vestimenta para niños. Se le llamó ‘Moda reformista’ y fue la que liberó a la mujer del corsé y cambió de pies a cabeza la forma de vestir a los niños. Y, como en todas las modas, la sociedad lo aceptó y es un hecho que se mantiene a día de hoy.


Hasta la llegada del siglo XX los colores en niñas y niños eran lo completamente opuesto y tiene mucho más sentido que la moda impuesta hoy. En el libro Pink and Blue: Telling the Boys from the Girls in America, Jo Paoletti explica que en los años setenta la moda infantil era unisex. La historia del arte ha retratado a la Virgen María con mantos en color azul ultramarino. Y no porque el azul se le atribuyera a la mujer, sino porque dicho pigmento era el más caro del mercado, era considerado una joya a la hora de pintar e incluso los artistas tenían que hacer una factura a parte a la hora de realizar un encargo puesto que este tipo de azul era tan extremadamente caro que no todos podían permitírselo. Al únicamente vestir de manto azul a la figura de la Virgen María, se le atribuyó a las niñas y mujeres. Por otro lado, el azul es apacible, pasivo e introvertido. Se le vincula al agua que es un atributo también femenino.


Goethe llamó al rojo ‘el rey de los colores’ y no la reina. El rojo es un símbolo de fuerza y agresividad. Es pasión y también podría atribuirse a lo femenino por el deseo sexual que despierta este color. Los vestidos rojos y el pintalabios rojo pasión. Por su lado, el rosa, el rojo desaturado es mucho más cortés. Shakespeare en Romeo y Julieta decía ‘I’m the very pink of courtesy’ es decir, soy tan cortés como el color rosa. Es el color del desnudo y lo erótico puesto que recuerda al tono de la piel. Durante el Barroco muchos retratos de varones se visten entre colores rosa. El rosa era el pequeño rojo, el color dado a los niños que un día serán un guerrero y vestirán en sus trajes de este color. A todo ello añadimos el punto religioso, puesto que los nobles ricos donaban sus trajes gastados a la Iglesia que eran transformados en ropa litúrgica y en 1729 se declaró el rosa como color litúrgico, siendo los sacerdotes quienes lo llevan el tercer domingo de cuaresma y el domingo de adviento.


Y, realmente, daría igual si se asocia un género con un color si no se hiciera uso de prejuicios sobre esta correlación. Pero la llegada de la Segunda Guerra Mundial haría que se asociase el rosa a la homosexualidad, siendo Hitler quien obligase a llevar a todos aquellos presos homosexuales un triángulo rosa. El rosa, un color débil, un color afeminado. Si bien es cierto que psicológicamente el rosa es un color dulce, asociado al olor de la flor rosa, a los dulces y a lo suave ninguno de estos adjetivos debería ser considerado peyorativo. El azul no es más fuerte que el rosa, durante siglos ha sido un color asociado a la realeza, pero también el pequeño rojo. Las familias de bien eran las únicas que podían permitirse entintar sus vestimentas a menudo puesto que desteñían con facilidad, así como el blanco nuclear.


¿El rosa es de lo femenino y lo azul es lo masculino? Evidentemente no. El ser humano siempre buscará el sentido a todo lo que le rodea, lo catalogará, etiquetará y dará un

sentido a lo que siempre ha estado de un modo casual en la naturaleza. Y, verdaderamente, si hubiera que elegir un color para la feminidad hoy en día, sería el violeta.



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